Miscelanea

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Otros modos de Colonizar

En la era de la Globalización y universalidad que nos contempla, la estirpe humana parece devorar con todo a su paso. En paises “desarrollados”, como el nuestro, el fácil acceso de la sociedad a un sinfín de articulos de consumo y medios de transporte provoca situaciones delirantes, hasta hace algunos años impensables, de colapso en determinadas fechas y que son asumidas por los mismos individuos que las provocan. Estas situaciones de colapso no sólo se producen en vías de comunicación e infraestructuras para el transporte, sino que afecta de manera preocupante a muchos lugares de nuestra geografía más próxima, de gran fragilidad medioambiental, y que no están preparados para absorber esa ingente masa de población que se traslada con sus costumbres a cuestas.

En un reciente artículo de prensa, el crítico de Arquitectura Luis Fernández Galiano ya ponia el dedo en la llaga de este problema, proponiendo como ejemplo paisajes de costa aún no tan maltratados como los ya sobradamente conocidos por todos. En concreto citaba lugares de Huelva y Cádiz, como Chiclana y El Portil, donde la fiebre urbanizadora está arrasando con pinares vírgenes para ofrecer el mismo producto de siempre para la masa que reclama su trocito de paisaje y su derecho al veraneo “a toda costa”. Son modos de colonización que parecían anclados en los años del desarrollismo vertical de nuestras costas de los sesenta y setenta, pero que de manera más horizontal se está repitiendo treinta años mas tarde. El ejemplo más flagrante lo tenemos en Isla Canela donde se invaden zonas de dominio público costero con la aquiescencia de las autoridades, en una isla de más de mil hectáreas.

No queremos proponer en estas líneas el mismo inmovilismo cavernario del que son acusados los grupos ecologistas cuando se enfrentan a estos temas. No es eso. El hombre desde tiempo inmemorial ha modificado la naturaleza y la ha colonizado en la mayoría de las ocasiones de un modo sabio (Templo en cabo Sunion, Grecia), si bien errores han existido en todas las épocas. No es tampoco nuestra intención retomar el viejo debate acerca de intervenir o no en naturalezas privilegiadas.

Frente a estos y otros modos de colonización, existen afortunadamente ejemplos de intervenciones que se centran en la reutilización de grandes vacios urbanos en desuso por el abandono de instalaciones, sin la necesidad de ampliar horizontes a costa del paisaje circundante, sino volviendo la mirada al interior de nuestras queridas y viejas ciudades. Un ejemplo de esto lo tenemos en las fases previas a la revisión del PGOU de Sevilla, en la que se están planteando vastas ocupaciones de suelo en periferias, frente al caso de Bilbao y otras ciudades, con operaciones de renovación urbana en pleno centro de las mismas.

Valdelarco

A otra escala, nos encontramos con Valdelarco y más en concreto, con la intervención sobre dos construcciones rústicas en desuso, situadas en el paraje de El Lomero frente al casco urbano de esta localidad de la sierra onubense. Frente a recientes ejemplos del mismo pueblo, en los que se opta por la colonización de zonas de huertas vírgenes, ocupándolas con tipologías nada acordes a la zona y que históricamente no han tenido cabida en estos núcleos ni en este clima. En estos casos se apuesta por lo vernáculo, por el ingenio popular y la sabiduría anónima de sus moradores al respetar los paisajes construidos a lo largo del tiempo.

Y en este caso, como Alvaar Aalto en su visita a España, se ha vuelto la mirada con interés hacia estos modos de colonización en desuso, actuando con el bagage que nuestro tiempo nos proporciona. Así, la nueva arquitectura propuesta es plural, inclusiva, mezcla de tradición y modernidad: nuevos tapiales conviven con suelos de hormigón pulido; vidrio termoacústico junto a rollizos y suelos de castaño; muros de piedra y roca viva adintelados con chapas de acero barnizadas; y todo ello procurando una integración con el excepcional paisaje y localización en que se encuentran.

Se trata de dos actuaciones muy similares en antiguas construcciones rústicas, como son un refugio para el ganado (majada) y un secadero de castañas (zarzo), muy próximas entre si y con características propias de la zona: mampostería, tapiales, cubiertas de teja, rollizos, etc. Ante ellas la postura adoptada ha sido al de ser permeables a los procesos de modernización y conducirlos en cada lugar a resultados diferentes, creando de este modo nuevas singularidades locales.

El Risco del Lomero

Antigua majada de ganado, colgada literalmente sobre el Risco del Lomero y sobre el conjunto del casco urbano. Excavada en parte en la roca, la intervención se vuelca decididamente al paisaje desde el acceso, el interior y su aérea terraza. La intervención de rehabilitación se completa con un cuerpo estrecho de nueva planta y tres alturas, de las que sólo una se muestra al camino superior. En el interior la caja del aseo es el único elemento integrado en el diáfano espacio, mientras que en el antiguo pecebre resume la filosofía de la intervención.

El Zarzo de Nemesio

En una localización menos expuesta y con un programa más amplio de vivienda en alquiler, se plantea esta rehabilitación de un antiguo secadero de castañas, dotado de corral y landí (cobertizo) anexos. De nuevo la roca viva que aflora y se integra en la arquitectura, las excelentes visiones del conjunto histórico protegido y el empleo de materiales de la zona recuperados o reciclados (muro de mármol blanco), marca la intervención, junto al uso de otros materiales más contemporáneos.

Apuesta y riesgo Sin duda, son otros modos de colonizar, otros modos de habitar, lejos de la vulgaridad imperante en nuestras periferias y en los lugares de segunda residencia. No hacía falta buscar el nido fuera del árbol. Lo teníamos allí, en lugares abandonados por nuevos modos de sustento, en lugares ya colonizados de manera sabia por nuestros ancestros.

F. Javier López Rivera. Arquitecto. Julio 1999.