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Ideas

Modelo VS Capacidad de carga
En una potencia turística de primer orden como España deberían tenerse en cuenta las ventajas e inconvenientes aportados por los modelos turísticos que, a lo largo de la historia, han salpicado con mayor o menor fortuna nuestro litoral.

Se echa en falta, sobre todo en la clase política local, la aplicación de modelos, de proyectos de ciudad, de reflexiones previas a la actuación. Esto provoca continuos cambios de dirección, políticas absolutamente erráticas, falta, en definitiva, de direcciones y objetivos claros.

Se plantea en la actualidad en muchos municipios costeros la disyuntiva entre un modelo turístico de hoteles y otro basado en el predominio de segundas residencias. Sobradamente conocidos son los múltiples problemas y relativamente pocos beneficios que acarrea este último modelo, que provoca en meses punta colapso en los servicios municipales y en las infraestructuras, que se ven necesitadas de una ampliación nada rentable en el resto del año. (Véanse los casos de Punta Umbría o La Antilla).

Los Ecosistemas suelen ser de una gran fragilidad y no admiten más que una determinada capacidad de carga, término éste muy usado en círculos medioambientales, pero nada manejado por nuestros políticos. Casi todo en este mundo tiene una determinada capacidad de carga, al igual que el medio costero que nos rodea, que no es capaz de aguantarlo todo.

Frente a este modelo está apareciendo, sobre todo en algunos lugares del litoral onubense, una alternativa basada en unas construcciones llamadas hoteles o macro-hoteles, que no plantean los problemas antes denunciados, pero que desde luego no pueden ser modelo de nada porque poseen una ínfima calidad de materiales, su “arquitectura” es zafia y pastichera, plena de arabismo o andalucismo mal entendido, y sobre todo porque están absolutamente fuera de escala frente al lugar donde se asientan.

No queremos proponer en estas líneas el mismo inmovilismo cavernario del que son acusados los grupos ecologistas cuando se enfrentan a estos temas. No es eso. El hombre desde tiempo inmemorial ha modificado la naturaleza costera y la ha colonizado en la mayoría de las ocasiones de un modo sabio (Templo en Cabo Sunion, Grecia).

Frente a estos y otros modelos caducos de colonización, existen afortunadamente ejemplos de intervenciones que se centran en la reutilización de grandes instalaciones en desuso, sin la necesidad de ampliar horizontes a costa de destrozar el paisaje circundante con autovías infrautilizadas o viviendas desocupadas, sino volviendo la mirada al interior de nuestras queridas y viejas edificaciones. También existen ejemplos de fomento de vías de comunicación y de transportes alternativos al del vehículo a motor. Un ejemplo de esto lo tenemos en el estuario del río Tajo y la magnífica red de transporte fluvial que comunica Lisboa con todas las poblaciones ribereñas, capaz de transportar a diario a ingentes cantidades de personas a sus puestos de trabajo. Ejemplos como éste serían perfectamente trasladables a lugares con graves problemas de tráfico y con posibilidades marítimo fluviales como son la Bahía de Cádiz o el recorrido Huelva-Punta Umbría.
Ecoturismo VS Visitantes

Al hilo de estas reflexiones deberíamos plantearnos, ¿en qué consiste eso del Eco-turismo?

El Eco-turismo está basado en la Sostenibilidad, en el respeto a las estructuras físicas, biológicas y sociales del lugar. Debe considerar la capacidad de carga, entendida como los niveles tolerables de uso que puede aceptar un territorio con unos mínimos efectos negativos sobre los recursos y un alto grado de satisfacción para los visitantes. Debe partir de la iniciativa local de la población asentada en el lugar y sobre ella recaer los beneficios que la actividad genere.

Los Eco-turistas no son meros consumistas de naturaleza, de costumbres, etc. Son personas que no exigen una reproducción de las condiciones de vida de sus países o lugares de origen allá donde van, sino que se adaptan a las condiciones locales. Quizás no haya que hablar de eco-turismo ni de eco-turistas, sino más bien de viajeros o visitantes, términos que expresan mejor la diferente actitud que mantienen este tipo de personas ante los lugares y poblaciones que visitan.

Las comunidades donde se desarrolla una actividad de esta categoría no son prostituidas, sino muy al contrario, se enriquecen con esta actividad. Los miembros de estas comunidades no deben recibir al viajero como mera fuente de ingreso, sino como visitantes respetuosos con la cultura local, interesados en conocerla de una forma auténtica, conviviendo con sus miembros.

Este tipo de visitantes antes descritos sirven de premisa en la concepción y el diseño del proyecto del Centro Ecológico y Deportivo Puerto de La Laja.
Banalización del territorio

VIVIR, IMAGINAR, PROYECTAR, CONSTRUIR… EL PAISAJE.

La intervención en el paisaje debe ser concebida como una de las artes más integrales porque, para hacerlo con responsabilidad, ha de observar, reconocer, actuar y mantener el equilibrio medioambiental entre el uso y el abuso. Por ello, intervenir en el paisaje hoy nos hace movernos en la dialéctica entre:

  • La transformación de la naturaleza, que el hombre tiende a modificar para satisfacer sus actividades, y la preservación de los valores la biodiversidad del planeta y la biosfera.
  • El equilibrio entre las necesidades y los recursos, con el fin de modelar un tipo de paisaje donde la producción y la renovación de las capacidades determinen los límites de su uso.
  • La artificialización del paisaje como el lugar donde el hombre proyecta sus ideas abstractas y la construcción genuina de las acciones de la cultura dentro de la naturaleza.

Debido a todo esto, la vieja idea romántica de la recuperación de la naturaleza está dejando paso a una concepción renovada, a una actitud con el paisaje fruto de una visión más interactiva entre las nuevas necesidades del hombre contemporáneo (sobrevivir, producir, disfrutar, crear, inventar) y el ancestral respeto al paisaje vivo como proceso de un rico ecosistema. Las porciones de naturaleza legalmente protegidas de las agresivas dinámicas del desarrollo contemporáneo se constituyen casi en “Museos del Territorio”. Intervenir en ellas con estrategias y técnicas que provengan del mundo del arte nos parece un acto de coherencia.

Al igual que Le Corbusier, pensamos que la nueva arquitectura, el nuevo sueño de habitar, de estar, de gozar debe nacer tanto del entendimiento del automóvil (como tecnología de la época) como de la cabaña (como lugar primitivo del habitar), en una dialéctica sin fin para así reinterpretar la verdadera tradición de la cultura desde las nuevas tecnologías y las nuevas funciones vitales del hombre contemporáneo.

Las imágenes que acompañan a esta memoria dan idea de las sugerencias y ambientes que se proponen. La belleza de un corte del terreno minero en que se aprecian todos los tonos y colores de la tierra; una cubierta ajardinada sobre cubierta del lugar; la textura de la roca; la primavera reflejada en un campo de jara florida… y la potencia y fuerte presencia de lo existente, de lo construido, con quien se buscan enfrentamientos no sólo matéricos.

Arquitectura que pretende ser plural, incisiva, de diálogo no mimético con lo edificado.

Que saca partido de las contingencias.

Que revaloriza el paisaje a través de una mirada educada.

Que refleja la tensión viva y fértil entre lo duradero y lo circunstancial,

entre el pasado y el futuro,

entre el individuo y la sociedad,

entre la idea ancestral de hogar y el pensamiento moderno.